ACTIVIDADES DE VERANO '17

viernes, 23 de junio de 2017

SAGRADO CORAZÓN


domingo, 18 de junio de 2017

Con el corazón en el domingo: CORPUS CHRISTI

En aquel tiempo, dijo Jesús a los judíos: «Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre. Y el pan que yo daré es mi carne para la vida del mundo.»
Disputaban los judíos entre sí: «¿Cómo puede éste darnos a comer su carne?»
Entonces Jesús les dijo: «Os aseguro que si no coméis la carne del Hijo del hombre y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna y yo lo resucitaré en el último día. Mi carne es verdadera comida y mi sangre es verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre habita en mí y yo en él. El Padre que vive me ha enviado, y yo vivo por el Padre; del mismo modo, el que me come vivirá por mí. Éste es el pan que ha bajado del cielo: no como el de vuestros padres, que lo comieron y murieron; el que come este pan vivirá para siempre.»

Alguno puede preguntarse si la fiesta de hoy, no es una repetición del día de Jueves Santo, (en ella también celebramos el Día de Amor Fraterno y de la Caridad), o de lo que actualizamos cada domingo y cada día en la Eucaristía. Hay que remontarse a la tradición, para conocer el verdadero sentido de esta fiesta, que está sobre todo, centrada en la adoración al Santísimo y su vivencia en la religiosidad popular.

Hoy salimos a la calle en procesión, esperemos que no con la pretensión, de enseñar nuestras Custodias, palios, peinetas… lo cual nos convertiría, en una muestra de arqueología. Salimos, porque Él está siempre en salida y aunque a nosotros nos cueste, quiere poner su mesa en las casas, en las calles, en las plazas, en las esquinas. Derramó su sangre por todos o por muchos, no entremos en discusiones litúrgicas, y nos recuerda que nosotros, debemos poner también nuestra vida al servicio del pueblo.

Al celebrar la Eucaristía, reconocemos que nuestra vida, nuestros bienes, nuestro trabajo, son un bien de toda la comunidad, renunciamos como Jesús, a la pertenencia exclusiva. Por eso, para celebrar esta fiesta se necesita valentía, sólo desde la audacia, se puede creer en el desafío que nos recuerda, que nuestra vida no es una propiedad privada, sino algo que está al servicio del bien común. Nos lo deja claro el lema de Cáritas, en este Día de la Caridad: “Llamados a ser comunidad”. Antes, nos lo ha dicho en la segunda lectura San Pablo en su carta a los Corintios: “El cáliz de nuestra Acción de Gracias, ¿no nos une a todos en la sangre de Cristo? Y el pan que partimos, ¿no nos une a todos en el cuerpo de Cristo? El pan es uno, y así nosotros, aunque somos muchos, formamos un solo cuerpo, porque comemos todos del mismo pan”.

Se trata de vivir en este día la “cultura del encuentro”, éste es el sentido de nuestra presencia en las calles, la Campaña de Cáritas, recoge unas palabras del papa Francisco que nos lo explicita: “La acogida y la apertura a los demás, lejos del miedo que sólo nos lleva a ver riesgos y peligros, son una oportunidad para descubrir el rostro de Dios en cada hermano y hermana, para celebrar en comunión los dones y riquezas que nos regala a cada uno para poner al servicio de la construcción del bien común que es de todos”. Al comer juntos el pan, les decimos a los hermanos: esta es mi vida entregada por vosotros (repasemos el Evangelio de hoy). Comulgar es darse a los demás y recibir a los demás, saber aceptar al “extraño” en nuestro grupo, nuestra mesa, nuestros círculos, nuestro pueblo, nuestro barrio… y eso es el encuentro, del que se nos habla desde Cáritas.

Lo que estamos haciendo este domingo, es para hombres y mujeres recios, no es algo ritual o vacío, es poner en juego la vida, es donarse y aceptar la vida de los otros, es dejarse habitar por Jesús y habitar en Él. Es compartir la mesa del trabajo diario, con toda la humanidad que sufre, no separar esta mesa del altar, de las mesas de la vida. Será quizás por eso, por lo que nos cuesta tanto celebrar la Eucaristía y salir a la calle, acompañando en procesión a todos los que buscan su liberación. Es mejor domesticar lo que nació como alternativo, subversivo y revolucionario, aunque a unos cuantos les fuera la vida en ello.

sábado, 17 de junio de 2017

Cuento: La mazorca de oro

En las hermosas y lejanas tierras de Perú vivía una pareja joven que tenía cinco hijos pequeños. Su vida era bastante dura y no podían permitirse ningún lujo. La familia salía adelante gracias al cultivo del maíz en un pequeño terreno que tenían muy cerca de su hogar. Cada mañana, la mujer lo molía y hacía con él pan y tortas para dar de comer a sus chicos. Si sobraba algo de la cosecha, lo vendía por la tarde en la aldea más cercana y regresaba con un par de monedas de plata a casa.

De tanto trabajar de sol a sol, la campesina estaba agotada. Su marido, en cambio, no hacía nada. Se pasaba el tiempo holgazaneando y dando paseos por la montaña mientras los chiquillos estaban en la escuela o jugando al escondite.

Un día, la muchacha se sentó en el granero y se puso a limpiar, como siempre, las mazorcas que había recogido durante la jornada. Eran grandes  y tenían un aspecto fantástico. Por unos momentos se sintió muy feliz,  pero cuando se puso a hacer recuento, comprobó que no había suficiente cantidad para hacer pan para todos y mucho menos, para vender a los vecinos.

La pobre, desconsolada, se arrodilló y comenzó a llorar ¿Cómo iba a dar de cenar a sus cinco hijitos si no podía fabricar bastante harina?… Si al menos su marido la ayudara podrían unir  fuerzas y cultivar más maíz, pero era un egoísta que solamente pensaba en sí mismo y en su propia comodidad. Miró al cielo y pidió al dios bueno que tuviera compasión y le diera fuerzas para continuar.

De repente, notó que en una esquina algo brillaba con intensidad. Se quedó muy extrañada pero ni siquiera se acercó; imaginó que se trataba de un rayo de sol que incidía sobre una caja de metal, de esas donde se guardan las herramientas.

Se desahogó un rato más y se enjugó las lágrimas con el puño de su desgastada blusa. Al levantar la mirada, con los ojos todavía vidriosos,  vio que el extraño brillo seguía allí, sin moverse del rincón del granero. Cayó en la cuenta de que era casi de noche, así que estaba claro que el sol no podía ser.

Un poco asustada, se acercó despacito a ver de qué se trataba. El fulgor era más intenso a medida que se aproximaba y hasta tuvo que mirar hacia otro lado para que no le deslumbrara. Su sorpresa fue inmensa cuando descubrió  que era una enorme mazorca dorada ¡No se lo podía creer! Sus granos eran de oro puro y de ellos salían intensos haces de luz.

La campesina miró hacia arriba ¡El dios le había ayudado atendiendo a sus plegarias! Cogió la mazorca con delicadeza y salió en busca de su marido, que roncaba sobre una hamaca dejando pasar las horas.

Con voz aún temblorosa le contó lo sucedido y el hombre, por primera vez en su vida, se avergonzó de su comportamiento. Comprendió que su esposa había cargado siempre con la responsabilidad de la casa, de los hijos y del duro trabajo en el campo ¡Era a ella y no a él a quien el dios divino había recompensado!

A partir de ese día, el muchacho cambió para siempre. Vendieron la mazorca de oro y ganaron  mucho dinero. Después, arreglaron la casa, compraron un terreno más grande y sus niños crecieron sanos y felices. Nunca jamás volvió a faltarles de nada.

martes, 13 de junio de 2017

El poder del amor

El mensaje es claro. La tecnología puede ayudarnos en muchas cosas, pero nunca podrá reemplazar al amor. El cariño, el abrazo, el contacto humano… siempre los necesitaremos Y ahora que tantas compañías nos prometen productos maravillosos para el hogar (la niñera electrónica, la casa inteligente, etc.), es bueno que oigamos también este mensaje tan sencillo y sublime; y más bueno aún, que lo oigamos en boca de una empresa tecnológica.

domingo, 11 de junio de 2017

Con el corazón en el Domingo: SANTÍSIMA TRINIDAD

Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único para que no perezca ninguno de los que creen en él, sino que tengan vida eterna. Porque Dios no mandó su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él. El que cree en él no será juzgado; el que no cree ya está juzgado, porque no ha creído en el nombre del Hijo único de Dios.

Esta fiesta nos habla de Dios, pero: ¿más de cómo es o de quién es? Nos parece remitir, a lo que Él ha realizado en nosotros y en el mundo, por medio del Hijo y del Espíritu. La pregunta parece ser: ¿dónde está, dónde se le ve?, y no hay otra respuesta, que en la propia historia personal y la del pueblo. En ella descubrimos el sentido de la existencia, del dolor, de la enfermedad, de la muerte, de nuestra presencia en el mundo, del camino que debemos recorrer. Y por ello, podemos proclamar: “Creo en Dios”, no como una idea, sino como una experiencia, que llamamos experiencia de fe.

José Luis Martín Descalzo: “El Nuevo Dios”.
 
Y cuando Él dijo “Padre” el mundo se preguntó por qué aquel día amanecía dos veces. La palabra estalló en el aire como una bengala y todos los árboles quisieron ser frutales y los pájaros decidieron enamorarse antes de que llegara la noche. Hacía siglos que el mundo no había estado tan de fiesta. los lirios empezaron a parecerse a las trompetas y aquella palabra comenzó a circular de mano en mano, bella como una muchacha enamorada. Los hombres husmeaban el continente recién descubierto y a todos les parecía imposible pero pensaban que, aún como sueño, era ya suficientemente hermoso.
Hasta entonces los hombres se habían inventado dioses
tan aburridos como ellos, serios y formales faraones, atrapamoscas con sus tridentes de opereta. Dioses que enarbolaban el relámpago cuando los hombres encendían una cerrilla en sábado, o que reñían como colegiales por un quítame allá ese incienso; dioses egoístas y pijoteros que imponían mandamientos de amar sin molestarse en cumplirlos. Vanidosos como cantantes de ópera, pavos reales de su propia gloria a quienes había que engatusar con becerros bien cebados.
Y he aquí que, de pronto, el fabricante de tormentas bajaba -¿bajaba?- a ser Padre, se uncía al carro del amor y se sentaba sobre la pradera a comer con nosotros la tortilla. Era un nuevo Dios bastante menos excelentísimo que no desentonaba en las tabernas y ante quien sólo era necesario descalzar el alma.
Aquel día los hombres empezaron a ser felices porque dejaron de buscar la felicidad como quien excava una mina. No eran felices porque fueran felices, sino porque amaban y eran amados, porque su corazón tenía una casa, y su Dios, las manos calientes.

sábado, 10 de junio de 2017

Cuento: el tigre que balaba

Hace muchos años, una tigresa estaba a punto de dar a luz. Una tarde de mucho calor sintió que le flaqueaban las piernas y notó que el momento había llegado; se tumbó sobre la hierba, se puso lo más cómoda que pudo y dejó que su pequeña cría naciera.
¡Era un bebé tigre precioso! Comenzó a lamerlo con mucho cariño para asearlo cuando, súbitamente, oyó que se acercaban unos cazadores. Sujetó fuertemente a su cachorrito con las mandíbulas y echó a correr, pero el ruido de un disparo infernal la asustó y sin querer lo soltó en plena escapada.

El pequeño tigre huyó despavorido en dirección contraria y se perdió. Cuando se vio fuera de peligro, caminó y caminó sin saber muy bien qué hacer ¡Acababa de nacer y no sabía nada de la vida!…

A lo lejos vio un rebaño de animales lanudos y tímidamente se acercó. Él no lo sabía, pero eran ovejitas. Todas se sorprendieron al ver un pequeño tigre por allí, pero viendo que era muy chiquitín y estaba completamente indefenso, lo acogieron con amor y decidieron cuidarlo como si fuera uno más del grupo.

Así  fue cómo el pequeño tigre creció en un verde prado rodeado de ovejas y corderos.  Durante muchos meses se alimentó de hierba, pasó las horas dormitando bajo el sol e incluso aprendió a balar ¡Como se había criado entre ovejas él se sentía una oveja también! En pocos meses creció muchísimo, pero siguió siendo manso y dócil como los miembros de su improvisada familia.

Un día apareció por la zona un enorme tigre dispuesto a atacar el rebaño.  El peligroso animal avanzaba escondido entre los matorrales para no ser descubierto y con los colmillos preparados comerse a una de las ovejitas.  Cuando estaba a punto de lanzarse por sorpresa sobre la víctima elegida, se topó con que, junto a ella, había un tigre con cara de bueno que balaba sin parar.

Ver semejante imagen le congeló la sangre.
– ¿Un tigre que se comporta como una oveja? ¡Esto es imposible! ¡Debo estar soñando!

Se frotó los ojos para despertar pero no, no estaba ni dormido ni alucinando. El tigre seguía allí venga a decir “¡Beee, beee!”. Tal era su curiosidad que se olvidó del hambre que tenía y decidió acercarse a ver esa rareza de la naturaleza. Dio unos pasos hacia el tigre balador al tiempo que las ovejas se dispersaban para no correr peligro. En medio del pasto, solo se quedaron ellos dos, frente a frente.

El tigre intruso, muy desconcertado, aprovechó para preguntarle:
– ¡Hola, amigo! ¿Qué haces aquí, pastando y balando como una oveja?
La contestación que recibió fue:
– ¡Beee, beee!
El fiero tigre no se podía creer lo que estaba viendo y tuvo que hacer grandes esfuerzos para no soltar una carcajada.
– ¡Pero si tú eres un tigre! ¡Un tigre, no una oveja!
El asustadizo animal, le respondió:
– ¡Beee, beee!
El gran tigre se dio cuenta de que el pobre  no era consciente de quién era en realidad.
– ¿Con que esas tenemos? ¡Levántate y ven conmigo!
Muerto de miedo, el joven tigre se levantó y le siguió hasta un estanque.
– ¡Baja la cabeza y mírate en el agua! ¿Lo ves? ¿Ves tu reflejo? ¡Tú eres como yo, un tigre grande y fiero, y los tigres grandes y fieros no balan ni comen hierba!
El ingenuo tigre observó su aspecto de arriba abajo y se dio cuenta de que era muy diferente a su familia adoptiva. Por primera vez en su vida se sintió tigre y no borrego.
– Anda, vente conmigo. Veo que las ovejas te han criado con ternura y prometo que no les haré daño, pero tu sitio no está aquí, sino con nosotros.

El joven tigre se despidió de sus compañeras y les dio las gracias por haber sido tan buenas con él. Después, siguió al gran tigre hasta su nuevo hogar.
La manada le recibió con los brazos abiertos pero quién más se emocionó con su llegada fue una hermosa tigresa que lo reconoció nada más verlo porque era su mamá ¡La alegría que sintieron al reencontrarse fue indescriptible!
Su madre y sus nuevos amigos se ocuparon de enseñarle a rugir y comer carne como corresponde a los tigres adultos. Con el tiempo aprendió a ser él mismo, y aunque con las ovejas había sido muy dichoso, reconoció que este era su ambiente, el lugar que le correspondía de verdad.

Por fin, en su vida, todo encajaba a la perfección.

jueves, 8 de junio de 2017

Face to face

Muchas veces reconocemos en nosotros ese anhelo de infinito que susurra el cielo nuevo y la tierra nueva. Invocamos humildemente al Espíritu Santo para que nos inserte en ese misterio del amor reconciliado, cara a cara ante Dios, los demás y la creación.


Tori Harris (feat. Brian Campbell) (Adoremus)

Breath of Heaven, come and dwell in us,
our hearts renew
Fire of God, illuminate, enkindle flames of truth
As we enter into this mystery
Overwhelmed by the power of your grace
Lead us on great Herald of our victory
To our home where we stand face to face
Comforter, come counsel us, and make us truly wise
Rouse our souls from sin's great sleep,
that love may come alive
As we enter into this mystery
Overwhelmed by the power of your grace
Lead us on great Herald of our victory
To our home where we stand face to face
Holy Spirit Come (Breath of Heaven)
Holy Spirit Come (Wind of God)
Holy Spirit Come (Fire of Heaven)
Holy Spirit Come
As we enter into this mystery
Overwhelmed by the power of your grace
Lead us on great Herald of our victory
To our home where we stand face to face

Cristóbal Fones sj

martes, 6 de junio de 2017

Video: Traerlos de nuevo a la tierra

El anuncio cuenta la historia de una ilusión compartida durante años por un nieto y su abuelo, y cómo la irrupción del alzhéimer aniquiló ese sueño por completo. Pero el spot no es triste, ni mucho menos. El emotivo final llena de optimismo el desenlace.

Todo se nos cuenta a través de una bonita metáfora: las mentes de los que padecen dicha enfermedad “están en la luna”. Pero todos podemos ayudar, y aportar nuestro esfuerzo –como tantas personas hacen en la Fundación Reina Sofía– para alcanzar la misión de “traerlos de vuelta a la Tierra”.

domingo, 4 de junio de 2017

¡VEN ESPÍRITU!

Pentecostés inicia el tiempo de la Iglesia. Si el Espíritu nos ha congregado en esta Eucaristía, ahora nos envía, para que seamos en todas partes los testigos de una novedad: es posible saltar las barreras del individualismo y del miedo, para compartir la misma fe, el mismo pan y la misma lengua. Salgamos a anunciar que el Espíritu del Señor, renueva y repuebla la faz de la tierra.